En la primavera de 2004 empezó a circular un correo en cadena firmado por el Johns Hopkins Hospital. Avisaba de que congelar agua en botellas de plástico liberaba dioxinas y de que esas dioxinas causaban cáncer. La universidad nunca escribió ese texto. Tuvo que salir a desmentirlo públicamente y ponerle nombre a lo que era: una leyenda urbana.

Veintidós años después, el mismo mensaje sigue llegando cada verano por WhatsApp, traducido al español, reenviado por gente de buena fe y con la firma prestigiosa intacta. La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria lo tiene archivado, literalmente, en su sección de bulos. Y lo interesante es que la física del asunto no solo desmonta el aviso: dice justo lo contrario. Si algo frena la migración de sustancias de un envase, es el frío.

Dicho lo cual, congelar una botella de agua sí tiene un problema real. No es químico. Es que la botella revienta.

Puntos clave

  • No hay dioxinas en el plástico de una botella de agua, y no puede haberlas: se forman por combustión a cientos de grados, no a menos dieciocho.
  • El frío reduce la migración de sustancias del envase al agua. El calor es el que la aumenta, y ese sí es un motivo real para no dejar una botella al sol.
  • El PET (símbolo 1) no lleva bisfenol A. Además, la UE lo prohibió en materiales en contacto con alimentos desde el 20 de enero de 2025.
  • El problema auténtico es mecánico: el agua gana un 9 % de volumen al congelarse y una botella llena hasta el borde se deforma o se raja.
  • La solución cuesta diez segundos: dejar en torno a un 10 % de aire dentro y meterla de pie.
  • El vidrio no va al congelador. No cede, así que se agrieta. Una botella de 22 Artesian se queda fuera.
  • El agua mineral no pierde minerales al congelarse. El hielo turbio es aire disuelto y sales expulsadas hacia el centro del cubito.

El bulo de las dioxinas: veintidós años y sigue vivo

El correo original mezclaba tres cosas que suenan verosímiles juntas y que, por separado, no se sostienen. Rolf Halden, investigador de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins, las desarmó una por una cuando la universidad tuvo que responder a la avalancha de consultas.

La primera: en los plásticos de las botellas de bebida no hay dioxinas. No es que haya poca cantidad, es que no forman parte de su composición ni de la de sus aditivos.

La segunda es la más contundente. Las dioxinas son subproductos de combustión: aparecen en incineradoras, incendios y determinados procesos industriales, y necesitan temperaturas del orden de varios cientos de grados para formarse. Un congelador doméstico trabaja a menos dieciocho. Entre lo que hace falta y lo que hay median casi cuatrocientos grados en la dirección equivocada.

La tercera es la que convierte el aviso en un contrasentido: la migración de cualquier sustancia desde un envase hacia el líquido depende de la difusión, y la difusión se ralentiza con el frío. Congelar no libera nada, retiene. Si alguien quisiera dar un consejo útil sobre migración en botellas, el consejo sería el contrario, y tiene que ver con el maletero de un coche en agosto: lo contamos en qué le pasa a una botella de agua olvidada en el coche al sol.

Cómo reconocer este bulo cuando vuelva. Suele llegar firmado por un hospital o una universidad de prestigio, sin enlace a ninguna publicación, y mezcla el congelador con el microondas y con las botellas reutilizadas en un mismo párrafo. Cuando un mensaje invoca una autoridad pero no enlaza a ninguna página de esa autoridad, casi siempre es porque esa página no existe o dice lo contrario.

¿Y el bisfenol A? Ese sí existe, pero no está aquí

El BPA es un compuesto real y regulado, y es el que suele colarse en la conversación cuando alguien recuerda vagamente el correo de las dioxinas. Conviene separar las cosas.

El bisfenol A se ha usado en policarbonato (el plástico rígido y transparente de algunas garrafas reutilizables y de utensilios de cocina, símbolo 7) y en resinas epoxi de revestimiento interior de latas. Nunca ha formado parte del PET, que es el plástico de las botellas de agua mineral y lleva el símbolo 1 dentro del triángulo.

Además, el marco legal cambió hace poco: el Reglamento (UE) 2024/3190, en vigor desde el 20 de enero de 2025, prohíbe el uso de bisfenol A y otros bisfenoles peligrosos en materiales destinados a entrar en contacto con alimentos en toda la Unión Europea, con periodos transitorios para algunos equipos profesionales y conservas. Si tienes dudas sobre qué información debe llevar un envase y cómo leerla, aquí explicamos cómo se lee la etiqueta de un agua mineral.

Por qué revientan las botellas en el congelador: el 9 %

El agua es rara. Casi todas las sustancias se contraen al solidificarse, y ella hace lo contrario. Alcanza su densidad máxima a 4 grados y, a partir de ahí, al enfriarse más y cristalizar, sus moléculas se ordenan en una estructura hexagonal más abierta que ocupa más sitio. El hielo ocupa alrededor de un 9 % más que el agua de la que salió.

Esa es la razón por la que revientan las tuberías en una helada, por la que flotan los icebergs y por la que una botella olvidada al fondo del congelador aparece abombada. Traducido a los formatos que hay en cualquier casa:

Agua en la botellaVolumen aproximado del hieloAire que conviene dejar
0,33 L0,36 Lunos 3 cl
0,5 L0,55 Lunos 5 cl
1 L1,09 Lunos 10 cl
1,5 L1,64 Lunos 15 cl
5 L5,45 Lmedio litro largo

Una botella de agua mineral sale de fábrica prácticamente llena, con muy poca cámara de aire, porque el envase está pensado para transportarse y almacenarse a temperatura ambiente, no para congelarse. De ahí el gesto que resuelve el asunto: abrir, servirse un vaso y solo entonces meterla al congelador, de pie y sin nada apilado encima. Y si va a estar mucho tiempo, mejor tumbada nunca: el tapón es la zona por donde antes escapa.

¿El agua mineral pierde minerales al congelarse?

No. Es una de las preguntas más repetidas y la respuesta es tranquilizadora: los minerales son iones disueltos, no se evaporan ni se degradan con el frío. Al fundirse el hielo, el calcio, el magnesio, los bicarbonatos y los sulfatos siguen ahí, en la misma proporción con la que salieron del manantial.

Lo que sí ocurre es un fenómeno físico que confunde mucho. El cristal de hielo crece desde fuera hacia dentro y, al ordenarse, va expulsando de su estructura lo que no encaja: el aire disuelto y buena parte de las sales. Por eso el hielo casero es transparente en los bordes y blanquecino en el centro, y por eso al deshelarse puede quedar un velo blanco o unas motas en el fondo del vaso.

Ese velo no es suciedad ni cal del grifo: en un agua mineral natural es carbonato cálcico que ha precipitado. Basta con agitar la botella para que vuelva a repartirse. Cuanto más mineralizada es un agua, más visible resulta el efecto.

Aquí la composición marca la diferencia práctica. Un agua de mineralización débil como San Millán, con 374 mg/l de residuo seco y baja en sodio, da un hielo notablemente más limpio y un sabor más neutro, que es justamente lo que se busca en un vaso donde el hielo no debe entrometerse. Un agua alcalina como Peñaclara, con más carácter mineral, deja un cubito más opaco. Si te interesa el detalle, aquí explicamos qué significa exactamente la mineralización débil.

¿Qué es mejor para congelar, vidrio o plástico?

Plástico, sin discusión, y el motivo es que el plástico cede y el vidrio no.

Envase¿Al congelador?Por qué
Botella de agua de PETSí, con margen de aireSe deforma y se abomba antes de romper. Absorbe parte de la expansión.
VidrioNoNo tiene elasticidad: la presión del hielo lo agrieta o lo rompe. Y el cambio brusco de temperatura añade choque térmico.
Termo de acero de doble paredNoEl aislamiento impide congelar bien el contenido, y la dilatación puede deformar el cuerpo o dejar el cierre inservible.
Recipiente flexible apto para congelaciónEstá diseñado para deformarse y recuperar la forma.

El caso del vidrio merece un aviso concreto porque falla mal. No siempre estalla de golpe: puede quedarse con microfisuras invisibles y romperse después, al manipularlo o al servir, con esquirlas dentro del agua. Nuestra botella de 22 Artesian, de vidrio y 822 ml, no debe entrar nunca en el congelador, ni siquiera un rato para enfriarla deprisa. Para eso, agua fría del grifo con hielo alrededor, o la nevera. Sobre las diferencias reales entre un envase y otro, escribimos aquí sobre vidrio frente a plástico y su efecto en el sabor.

¿Cuánto tarda en congelarse una botella de agua?

Depende de más variables de las que parece: el tamaño, cuánto hay guardado alrededor, si la botella toca la pared del fondo y a qué temperatura entró. Como orientación, en un congelador doméstico a menos dieciocho grados y partiendo de temperatura ambiente:

FormatoFase de granizadoCongelada del todo
0,33 L1,5 a 2 h2 a 3 h
0,5 L2 a 3 h3 a 4 h
1 L4 a 5 h6 a 7 h
1,5 L5 a 7 h8 a 10 h

Un detalle curioso que explica una escena que mucha gente ha visto: a veces sacas la botella, parece líquida, le das un golpe y se congela entera en dos segundos delante de ti. No es magia ni un agua especial. Se llama sobrefusión: si el agua está muy quieta y muy limpia de partículas, puede bajar de cero grados sin llegar a cristalizar, porque le falta un punto donde empezar. El golpe se lo da, y la cristalización se propaga de golpe por toda la botella.

Cuándo congelar agua sí es una buena idea

Más allá de la curiosidad, hay tres usos en los que una botella congelada resuelve de verdad.

Como acumulador de frío que además se bebe

En una nevera portátil, una botella congelada hace el mismo trabajo que una placa de gel refrigerante, con la ventaja de que al final del día te la bebes en lugar de cargar con ella. Sacada en fase de granizado, se va deshelando durante horas y mantiene el agua fresca toda la mañana, que es exactamente lo que hace falta en una obra, en una jornada de campo o en una vendimia con calor.

Como reserva térmica ante un apagón

Un congelador lleno aguanta frío mucho más tiempo que uno medio vacío, y las botellas de agua son la forma más barata de llenar los huecos. Si se va la luz, esa masa de hielo compra horas de seguridad para el resto de los alimentos y, al deshelarse, deja agua potable disponible. Lo desarrollamos en la guía sobre cuántos litros de agua conviene tener guardados en casa.

Para hacer hielo que no estropee la bebida

El hielo es un ingrediente más, y uno que se derrite dentro de lo que estás bebiendo. Hecho con agua mineral natural, no aporta el sabor a cloro ni las notas terrosas que a veces deja el agua de red, y en una copa bien hecha la diferencia se nota. Sobre ese terreno escribimos en el agua mineral como ingrediente de coctelería.

Lo que sí conviene vigilar, y no es el frío

Si la preocupación de fondo es la seguridad del envase, hay tres asuntos que merecen mucha más atención que el congelador.

Congelar no desinfecta. Es probablemente el malentendido más útil de corregir. El frío detiene la multiplicación de los microorganismos, pero no los mata: muchos sobreviven perfectamente congelados y reanudan su actividad al descongelarse. Si un agua es dudosa, congelarla no la arregla.

Reutilizar una botella una y otra vez sí tiene consecuencias. No por el material, sino por la higiene: al beber a morro se traspasan bacterias de la boca al cuello de la botella, y congelar y descongelar en ciclos no las elimina. Aquí contamos cada cuánto hay que lavar de verdad una botella reutilizable.

El calor sí importa. Lo dijimos arriba y merece repetirse porque es el reverso exacto del bulo: lo que favorece la migración de compuestos del envase es la temperatura alta y prolongada, no la baja. Sobre el estado de la evidencia en el asunto de las partículas plásticas, hicimos un repaso en qué dice la ciencia sobre los microplásticos en el agua embotellada.

Del acuífero al congelador

El agua que se congela en tu cocina lleva mucho tiempo de viaje. La nuestra se infiltra en la Sierra de Cameros, atraviesa despacio las formaciones de roca que la mineralizan y se capta a 156 metros de profundidad, en Torrecilla en Cameros, donde se embotella en origen bajo certificación FSSC 22000. Ese recorrido subterráneo es el que fija su composición, y es la misma composición que sale intacta del cubito cuando se deshiela.

Que un agua se pueda congelar y volver a beber sin perder nada no es un truco: es simplemente lo que significa que sea mineral natural. Su carácter viene de la roca, no de un tratamiento, y por eso el frío no se lo quita.

Preguntas frecuentes

¿Se puede guardar el agua de una botella en el congelador?

Sí. Sanitariamente no hay ningún problema: el agua mineral natural embotellada se puede congelar y volver a beber. El límite es mecánico, no químico. Una botella llena hasta el borde no tiene sitio para el hielo que se va a formar, así que se deforma, se abomba por la base o revienta por una costura. Basta con abrirla, servir un vaso y dejar alrededor de un 10 % de aire dentro antes de meterla al congelador, siempre de pie y sin apilar nada encima.

¿Las botellas de agua explotan en el congelador?

Explotan las que están llenas del todo, y por una razón de física elemental: el agua es una de las pocas sustancias que aumenta de volumen al solidificarse. Al congelarse gana alrededor de un 9 % de volumen, de modo que un litro y medio de agua se convierte en algo más de 1,6 litros de hielo. El plástico PET cede un poco y suele deformarse antes de romper; el vidrio, que no cede nada, se agrieta o estalla. Dejando espacio de aire, el problema desaparece.

¿Qué botellas se pueden meter al congelador?

Las de plástico PET de agua mineral, dejando margen de aire, y los recipientes flexibles pensados para congelación. No deben ir al congelador las botellas de vidrio, que se rompen porque el material no absorbe la expansión, ni los termos de acero inoxidable de doble pared, cuyo aislamiento impide que el contenido se congele bien y cuya dilatación puede deformar el cuerpo o el cierre. Una botella de 22 Artesian, que es de vidrio de 822 ml, se queda fuera del congelador sin excepción.

¿Congelar el plástico libera dioxinas o bisfenol A?

No. Es un bulo con más de veinte años. La Escuela de Salud Pública Bloomberg de Johns Hopkins lo desmintió en 2004, cuando circulaba un correo en cadena atribuido falsamente a la propia universidad: no hay dioxinas en los plásticos de las botellas de bebida, las dioxinas se forman por combustión a temperaturas de cientos de grados y el frío, lejos de liberar sustancias, frena su migración porque las moléculas difunden peor cuanto más baja es la temperatura. En cuanto al bisfenol A, el PET de una botella de agua nunca lo ha llevado en su formulación, y desde el 20 de enero de 2025 el Reglamento (UE) 2024/3190 prohíbe además su uso en materiales en contacto con alimentos en toda la Unión Europea.

¿Qué pasa si el agua mineral se congela? ¿Pierde propiedades?

No pierde nada. Los minerales del agua son iones disueltos, no se evaporan ni se degradan a menos dieciocho grados, y al fundirse el hielo la composición vuelve a ser exactamente la misma. Lo que sí cambia es el aspecto: al crecer, el cristal de hielo va expulsando el aire disuelto y buena parte de las sales hacia el centro, y por eso el hielo casero sale blanquecino por dentro y a veces deja algún velo blanco al deshelarse. No es suciedad, es carbonato cálcico y aire. Cuanto más mineralizada es un agua, más se nota.

¿Cuánto tiempo debo dejar una botella de agua en el congelador?

Depende del tamaño, de lo lleno que esté el congelador y de si la botella toca la pared del fondo, así que estas cifras son orientativas a menos dieciocho grados: una botella de medio litro suele quedar en granizado en unas dos o tres horas y sólida en tres o cuatro; una de litro y medio necesita del orden de cinco a siete horas para el granizado y ocho o diez para congelarse entera. Para llevarla a la playa o al trabajo, lo práctico no es congelarla del todo, sino sacarla en fase de granizado: se va deshelando durante la mañana y el agua se mantiene fresca varias horas.

¿Es malo beber agua muy fría o con hielo todos los días?

Para la mayoría de la gente no supone ningún problema, aunque el agua muy fría puede resultar molesta con dientes sensibles o en plena garganta irritada, y se bebe más despacio, lo que en verano juega en contra de hidratarse bien. Los estudios de aceptación sitúan la temperatura más agradable para beber en torno a los 10 o 15 grados, que es la de una botella sacada de la nevera y no la de una recién salida del congelador.

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