Hay rincones de España donde el silencio todavía sabe a algo. Donde el aire de la mañana huele a sabina mojada y a humo de chimenea, y donde cada fuente del pueblo es a la vez un punto de encuentro y un recuerdo de algo que era importante. El Camero Viejo es uno de esos lugares. Una comarca riojana de montaña media que, sin presumir, esconde la historia geológica que permite que cada botín de Peñaclara tenga el sabor que tiene.

Esta no es una ruta de masas. Es un itinerario para quien quiera entender por qué aquí nace un agua mineral natural distinta —y disfrutar, de paso, de unos paisajes que en mayo se llenan de verde nuevo, ovejas asaeteando los prados altos y ríos con caudal todavía generoso por el deshielo. Te proponemos un recorrido por los pueblos del agua, con paradas, kilómetros y motivos para detenerse.

Dónde está el Camero Viejo y cómo llegar

El Camero Viejo es una de las dos comarcas históricas que articulan la Sierra de Cameros, junto al Camero Nuevo. Se extiende al sur de Logroño, en torno al valle del río Leza y sus afluentes, hasta los altos del Sistema Ibérico que separan La Rioja de Soria. Es territorio de transición: ya no es la ribera del Ebro, todavía no es la meseta castellana.

Para llegar, lo más práctico es tomar la N-111 desde Logroño en dirección a Soria. En apenas treinta minutos estás en Torrecilla en Cameros, capital tradicional de la comarca y puerta de entrada natural. Desde allí salen las carreteras locales que recorren el valle del Leza, el del Iregua y los puertos que comunican con el Camero Nuevo.

Tres datos antes de partir

El Camero Viejo tiene una densidad de población de las más bajas de La Rioja: en algunos municipios se cuentan menos de cinco habitantes por kilómetro cuadrado. Esa despoblación histórica ha preservado paisajes y arquitectura tradicional. Lleva combustible suficiente: las gasolineras escasean. Y reserva alojamiento con antelación si vas en agosto o en otoño (temporada micológica).

Etapa 1: Torrecilla en Cameros, el pueblo del agua

El recorrido empieza donde empieza nuestra historia. Torrecilla en Cameros es el municipio donde se encuentra la sede y la planta de embotellado de Mineraqua, y donde brota el manantial centenario que da origen a las marcas Peñaclara, San Millán y 22 Artesian.

La localidad es un buen ejemplo de pueblo riojano de montaña: casas de piedra de dos y tres alturas, balcones de forja, plátanos centenarios a la orilla del Leza y un casco antiguo que se recorre en una mañana. Conviene detenerse a:

Desde Torrecilla, el agua que ahora bebes en una botella de Peñaclara hizo su viaje subterráneo durante décadas a través de las rocas calizas de la sierra antes de ser captada a 156 metros de profundidad. Un detalle que se nota mejor sobre el terreno que en cualquier folleto.

Etapa 2: Pradillo y el alto valle del Iregua

Desde Torrecilla, una carretera local recorre el valle del río Iregua hacia el sur. Pasados unos kilómetros aparece Pradillo, un núcleo de unas pocas decenas de vecinos perfectamente conservado, con casonas barrocas y un trazado urbano medieval. Es uno de esos pueblos en los que basta caminar quince minutos para sentir la presencia —y la ausencia— de los siglos.

La zona es famosa entre los amantes del senderismo. Desde Pradillo y los pueblos cercanos parten sendas que se adentran en los hayedos y robledales que cubren las laderas. En primavera y otoño, los colores justifican el viaje. Si te animas, consulta nuestra selección de mejores rutas de senderismo en La Rioja para amantes del agua; varias salen precisamente de esta zona.

«En el Camero Viejo, el agua no se ve solo en los ríos: se oye en cada fuente del pueblo, en cada abrevadero, en cada hilo que baja de la sierra cuando llueve.»

Etapa 3: Soto en Cameros y el patrimonio señorial

Otro de los hitos imprescindibles del Camero Viejo es Soto en Cameros, declarado Bien de Interés Cultural por su excepcional conjunto urbano. Las casonas blasonadas de Soto son testigos de la época dorada de los indianos: emigrantes riojanos que hicieron fortuna en América durante los siglos XVIII y XIX y volvieron a invertir en sus pueblos.

El resultado es un núcleo rural con palacios urbanos que sorprenden por su porte. Merece la pena perderse por las calles empedradas, contemplar los escudos labrados en piedra y entrar —si está abierta— en la iglesia de San Esteban Protomártir. Es un Soto que no aparece en las guías ruidosas, y precisamente por eso conserva su atmósfera.

Etapa 4: Villanueva de Cameros y la naturaleza alta

Subiendo por la N-111 hacia Soria se llega a Villanueva de Cameros, en pleno corazón de la sierra. Es una buena base para internarse en el espacio natural protegido. La Reserva de la Biosfera de los Valles del Leza, Jubera, Cidacos y Alham —reconocida por la UNESCO en 2003— abarca buena parte de esta comarca y se solapa con varios espacios Red Natura 2000.

Es territorio de buitres leonados, alimoches, águilas reales, corzos, jabalíes y, con suerte y mucha discreción, alguna pareja de quebrantahuesos reintroducida en años recientes. Si llevas prismáticos, úsalos. Si llevas drón, mételo en la mochila: la mayor parte del territorio está bajo figura de protección y no se puede volar libremente.

EtapaLocalidadImprescindible
1Torrecilla en CamerosCasco histórico, manantial de Peñaclara, mirador del Castillo
2PradilloCasonas barrocas y senderos al hayedo
3Soto en CamerosPalacios de indianos, iglesia de San Esteban
4Villanueva de CamerosNaturaleza, observación de aves, gastronomía serrana
5Laguna de CamerosAldeas trashumantes y silencio del alto valle

Etapa 5: Laguna de Cameros y los pueblos olvidados

El último tramo del recorrido es para los que quieran tocar el silencio. Laguna de Cameros y sus aldeas circundantes son el ejemplo más extremo de la despoblación del Sistema Ibérico: pueblos enteros con apenas unos vecinos invernando, casas restauradas por descendientes que vuelven en verano, fuentes de agua fría y dura que siguen funcionando después de siglos.

Si te paras en alguno de estos núcleos, observa los detalles que cuentan la historia: las eras empedradas, los pajares con tejados de losa, los pasos cubiertos entre casas. Es la arquitectura de un mundo que vivió de la trashumancia merina —el ganado oveja merino que cada otoño bajaba desde estos pastos de altura a las dehesas extremeñas por las cañadas reales— y que hoy intenta reinventarse alrededor del turismo rural, el queso, la miel y la silvicultura.

Gastronomía del Camero Viejo: qué comer y dónde

La cocina del Camero Viejo es la cocina de la montaña riojana: contundente, basada en producto local y diseñada para el frío. No te dejes confundir: el verano riojano es caluroso, pero el invierno serrano cala los huesos, y eso ha modelado el recetario.

Platos que conviene probar:

Y para acompañar todo, agua mineral natural de la zona —Peñaclara, San Millán o 22 Artesian, según la ocasión— y vino de Rioja. La pareja funciona tan bien que dedicamos un artículo entero a explicarlo: el maridaje entre agua mineral y vino de La Rioja es uno de esos detalles que distinguen una buena mesa de una mesa memorable.

Truco para la visita

Combina una jornada del Camero Viejo con una visita a una bodega del Rioja Alta al volver hacia Logroño. En menos de una hora de coche pasas de los pastos de altura a los viñedos del valle: dos paisajes complementarios que comparten la misma agua subterránea de la Sierra de Cameros.

Cómo organizar la ruta: tiempos y época

El itinerario completo se puede hacer en un fin de semana cómodo, pero quien quiera disfrutar de verdad necesita tres días. Aquí va una propuesta razonable:

  1. Viernes tarde: llegada a Torrecilla en Cameros, paseo por el casco histórico, cena tradicional en alguno de los restaurantes locales.
  2. Sábado mañana: visita a Pradillo y los hayedos del entorno; pequéa ruta de senderismo (5–8 km).
  3. Sábado tarde: Soto en Cameros, casonas indianas, fotografía del casco histórico al atardecer.
  4. Domingo mañana: Villanueva de Cameros y, si el tiempo acompaña, ascenso hasta algún mirador alto de la sierra.
  5. Domingo tarde: Laguna de Cameros y aldeas, regreso a Logroño por la N-111.

Las mejores épocas para la visita son mayo-junio (verde nuevo, agua abundante, días largos) y septiembre-octubre (otoño cromatico, sin masificación, temporada de setas). En pleno invierno el atractivo paisajistico es notable, pero hay que contar con la posibilidad de nieve en las cotas altas.

El agua del Camero Viejo: el mismo manantial, distintas marcas

Lo que hace especial a esta comarca desde el punto de vista de Mineraqua es que el agua que aquí nace tiene un perfil mineral específico, marcado por las rocas calcáreas y dolomíticas del Sistema Ibérico. Esa agua, una vez captada y embotellada bajo certificación FSSC 22000, se comercializa con tres identidades:

Beber agua del Camero Viejo en su propio territorio —en un mesón de Torrecilla, en una hospedería de Soto, en una merienda al borde del Leza— es una experiencia distinta. Cuesta poco viajar hasta aquí para descubrirlo.

Conclusión: una comarca pequeña, un legado enorme

El Camero Viejo no compite con Logroño, con Haro ni con la Ribera del Najerilla en notoriedad turística. Y precisamente por eso conserva una identidad propia: la del agua que cae, se filtra, se guarda y vuelve a salir décadas después convertida en algo útil. La del pueblo que se vacía y se vuelve a llenar en verano. La de la trashumancia que dejó trazas en cada vereda. La del silencio que —si lo escuchas— tiene más cosas que contar de lo que parece.

En Mineraqua llevamos más de 160 años escuchando a este territorio, y la mejor manera de explicar lo que hacemos es invitarte a venir a comprobarlo. Si planeas tu próxima escapada por La Rioja, dejá un par de días al sur de Logroño. Mereció la pena para nosotros —y nos quedamos—. Te merecerá la pena también a ti.

Descubre nuestras marcas y la historia del manantial en mineraqua.com, penaclara.es y manantialsanmillan.com.